sábado, 20 de septiembre de 2014

Otoño


Con la medida milimétrica y la exactitud que solo la naturaleza es capaz de reflejar, con la sincronía de un evento casual como la ventura prevista y desecha, casi armonía etérea casi literal con la certeza de la sospecha de que todo está por comenzar y que todo acabara, pero no todo acaba solo empieza de nuevo.
Se avecina un matiz, un silencio, una pausa, una causa entre la santidad y el pecado, del feliz e inusitado azar, que al esbozar un trazo o tallar un incienso en una lejana tarde de idus de marzo, se divaga en el podría, se deambula en el quizás, se pierde en el ojala.
Como la delicada talla en madera basta, de artistas y ave al anidaren una grada de piedra desgastada y alcalina, igual al lienzo de oleos con ricos colores de vivos atardeceres y brillantes amaneceres, recién pintado en el espacio astral es ese poquito de cielo encajado entre atarazanas y alcores, entre arrabales y atalayas, hasta los caños de la lejanía in situ, melliza canción del sonido de las mareas bailando en un río con nombre de inmenso mar, obra maestra de la evolución y naturaleza, musa de la misma creación, por literatos, poetas, pintores y pregoneros, Así eres tu como en el otoño de mi vida y la primavera de la próxima, si he de morir que la tierra sea la tuya, y si he de nacer nuevamente el destino elija, pero el amor por ti seguramente me haga buscarte para volver a vivir y volver a morir en ti y por ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario