Siempre hay una mirada, unos ojos que te hacen temblar, que te hacen suspirar a cada segundo, un mirar almendrado que hacen que los pilares de tu tierra y de tu vida marquen un antes y un después en tus días, siempre hay una mujer de rostro que no puedes olvidar y que desearías ver siempre reflejada su cara en cada rincón de tus calles, de mi senda y de mi caminar eterno.
He perdido el sentido de la nostalgia, pero no de tu perfil que llora, más aún puedo sentirte en la distancia. Esa distancia mínima y milimétrica de tu rostro y el mío, que incluso me hace percibir tu aroma a rosa temprana de galilea.
Ya está cerca mi momento, el momento de partir, muchos días de no verte, han hecho que mi vida refleje el segundo a segundo de una pasión desmedida y sincera, mi último deseo antes de partir.
Besarte la mano con el último suspiro del alba.
¡Como la primera vez!.
Hablarte cara a cara como antes,
cuando los rayos de luz alcanzan la mañana.
Esa oración que era música de encanto,
melodía inconclusa de pasiones
entre nosotros que perdura por siempre
en la historia de mi fe, de mí, y de mi memoria…
Es verdad que nunca no es nunca, y tal vez, sea un deseo, te he visto al alba y de madrugada, con los rayos de sol de la tarde, con la luz del medio día y con los atardeceres malvas que tan hermosa te hacen cordobesa, que llenan mi deseo y mis sueños de esperanzas...
Si ayer fue tu día, me hubiera gustado cumplir mi deseos de estar, de verte, de robar ese beso a solas en tu casa como aquel en tu altar, rodeados de gentes y de multitud, pero a solas al fin y al cabo, y en el centro de todos solo tu, llegaste cuando más te necesitaba y yo aún no lo sabia... Felicidades, solo felicidades…
Blog personal donde desde mi punto de vista veo la vida, una ciudad o el mundo ...
jueves, 9 de octubre de 2014
miércoles, 8 de octubre de 2014
Promesas
No me prometas cosas que no puedes cumplir... Es verdad
Pero si te prometo que la noción del tiempo no la tendrás entre caricias y besos que te regalan las brisas que llegan del río, te envolverá y olvidaras por un instante que existe.
Moriré por ver amanecer entre tus calles desnudas, dormida plácidamente, mi cuerpo libre de carga, la Luz de la luna reflejos de una pasión y viviré en el olvido de mi ciudad... No quiero que me entiendas solo que me sientas.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Metamorfosis
Observo pasar los días lluviosos cual crío tras el cristal en las tardes olvidadas de invierno, que ansía el calor del brasero en su regreso del paseo de media tarde, viendo como los caminos por donde ha derivado mi vida se encuentran desolados, inhóspitos, inmersa en ilustraciones construyendo con la ilusión de un “quizás”. Corrientes de arroyos de historias de la antigua urbe se dejan colar por mi mente, no existe un solo segundo donde no estés…
Entiendo a veces poco lo que siento y comprendo, solo imagino ver caer del sol los rayos de luz en una tarde en la lejanía del mes de marzo, cuando las primeros cantos de vencejos se aniden en las gradas de una ciudad donde soy mero espectador del más bello y universal de los poemas escritos “Ciudad aquí tienes tu tiempo añorado”. Ante una duda, un despertar y abrir de estos ojos que solo veían para ti, un color, quizás adivine un olor y Sevilla te ha envuelto entre el batir de alas y el suave grajeo de una mañana de brillantes colores metamorfoseados, no es ilusión, no es mi sueño, es la realidad de un despertar que se hace eterno mientras te lo describo y tu lo sueñas una vez más.
No puedo morir en el abandono de mi sueño, pasar del dolor y del olvido, al clamor, al éxtasis de ver una vez más el blanco caminar entre la vereda verde, de clavada mirada de niñez inocente en busca de la mitad de mi alma, porque la otra mitad estará prisionera en el secreto guardado del corazón de la ciudad, sangro prosa y versos profusamente y tú… ¡dejándome morir por ti!.
La desnudez y la transparencia de mi proceder para tus ojos, se transformaron solo en pasajero de un viaje con cicerone que muestra orgulloso tus calles sinuosas como tu cuerpo, la oscuridad donde un “todo” se convirtió en “nada” y tan solo bastaron segundos para derribar los sentidos que afloran, el silencio no es silencio en Sevilla, ni la pasión es posible de explicar sin estar junto a ti.
Dijo un poeta que lloro mientras escribía “Podrás borrar físicamente todo cuanto te haga recordarme pero en tu pensamiento y en tú corazón he de estar eternamente pues yo he decidido dormir eternamente en el corazón de esta ciudad, acunarte lentamente con su latido y una vez más volverlo a escuchar”.
Tú temor se volvió puente…
mí realidad inalcanzable,
colocándome a las puertas de Triana…
del atardecer de un adiós eterno.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Otoño
Con la medida milimétrica y la exactitud que solo la naturaleza es capaz de reflejar, con la sincronía de un evento casual como la ventura prevista y desecha, casi armonía etérea casi literal con la certeza de la sospecha de que todo está por comenzar y que todo acabara, pero no todo acaba solo empieza de nuevo.
Se avecina un matiz, un silencio, una pausa, una causa entre la santidad y el pecado, del feliz e inusitado azar, que al esbozar un trazo o tallar un incienso en una lejana tarde de idus de marzo, se divaga en el podría, se deambula en el quizás, se pierde en el ojala.
Como la delicada talla en madera basta, de artistas y ave al anidaren una grada de piedra desgastada y alcalina, igual al lienzo de oleos con ricos colores de vivos atardeceres y brillantes amaneceres, recién pintado en el espacio astral es ese poquito de cielo encajado entre atarazanas y alcores, entre arrabales y atalayas, hasta los caños de la lejanía in situ, melliza canción del sonido de las mareas bailando en un río con nombre de inmenso mar, obra maestra de la evolución y naturaleza, musa de la misma creación, por literatos, poetas, pintores y pregoneros, Así eres tu como en el otoño de mi vida y la primavera de la próxima, si he de morir que la tierra sea la tuya, y si he de nacer nuevamente el destino elija, pero el amor por ti seguramente me haga buscarte para volver a vivir y volver a morir en ti y por ti.
domingo, 31 de agosto de 2014
Cuenta una leyenda...
Cuenta una leyenda….
Que despiertan las puertas del cielo sin calma y las cornisas del Aljarafe refugian a los amantes de la llegada de cálidos alisios en sus encuentros furtivos, una rosa de vientos baila entre nubes de espera que palpitan sin corazón.
El espejo del río se empaña de memorias y la Luna esta triste, destila perdones y culpas mientras los caños de Carmo y las torrenteras vacías aceleran la sonrisa de un atardecer de ocres por su amado Sol. No hay universo, ni firmamento, tan sólo el sonido de unos labios bebiéndose la luna.
El Sol le pidió a la Luna el regalo de una noche inolvidable, y esta enamorada a su vez le exigió un amanecer de brillantes luces, cálidos susurros y brisa con promesa de amor eterno. El sol le mostró su gusto por las fuentes y sus sonidos de correr de aguas, por la sensualidad, por la gracia efímera del perfume, por la belleza… Y la Luna fue fundiéndose lentamente con el bello perfil del aire.
El cielo se ha vestido de estrellas de colores como testigo y el frío de la madruga me ha traído el recuerdo de una rosa de los vientos, esa rosa de tus manos volando hacia la penumbra de tu deseo sin nombre, azuleja y cristalina de cobaltos con esa mirada de mieles claras y de campiña timorata, que permite que el río le cante a través de tu sonrisa. Nada antes que tú tenía sentido le declaro el Sol a la Luna y ahora la niebla del despertar disipada en el verso encendido, mientras el Sol consuma su pasión de no tenerte, como yo te tengo.
Y del amor de ambos en la lejanía de los tiempos, en la maldición de una suave línea de distancia, marcada por el caer del grano a grano de las arenas de un viejo reloj que sostuvo entre sus manos el mismo Atlas, que recortan una vez más el balcón del Aljarafe, sobre el viejo arrabal y la leyenda les regalo una noche y un amanecer y de ambos nació la primera dualidad a un lado Sevilla y al otro Triana....
sábado, 23 de agosto de 2014
La sonrisa de Dios

Yo se que tu nombre para mi es como el eco de bóveda catedralicia, y aun así no dejo de gritar a modo de recuerdo muy dentro del alma, porque sin tu pasión del tiempo, irremediablemente perdería la memoria... Recostado en el diván del tiempo, intento llegar hasta tu beso postrero y a tu sonrisa infinita, donde hay un recuerdo, aún más fuerte es la nostalgia, pero más débil que mis lágrimas y más triste que mi misma tristeza... Bendecido por tu promesa, me bebo las noches enteras, sorbo a sorbo, intentando memorizar tu rostro. Voy viviendo como un ciego, intentando agudizar la música de tu cuerpo, en donde dormí mis esperanzas y te regalé mis ilusiones, para que las pasearas por las calles de mi ansiada calma... En tu nombre retrataré mis pasiones y me refugiare en relojes de arena, para calmar el tiempo poco a poco, grano a grano, donde aún quepan, mis ensueños por el amor que me ofrendes. Seré flor para ti y descenderé con tu ilusión hasta el cielo, donde habré de abogar, por tu amor y por el mío. Encenderé en cada estrella un cirio, para que cada astro, en el firmamento, te alumbre más a ti, que alumbras mi vida, y me das motivos para la existencia eterna, llena de amor... Repetiré un concepto repetido y en cada oración, de cada querubín incendiario del cielo, estará tu nombre, aunque este no sea canción, estará encendido como si fuera el sol o la misma sonrisa de Dios...
miércoles, 20 de agosto de 2014
Yo te veo Sevilla
Yo te veo siempre, encuentro el inicio de la primavera incluido en el color de tus ojos mi niña, o del color de los sueños como verde de virginal pradera, en el azul de tus calles convertidas en ríos sinuosos de caudal cristalino, en las altas almenas que despuntan el cielo entre arrabal y arrabal que alumbran al mas allá de una vida mundana, pero llena de callejas que guardan secretos de alcoba y de mocitas casaderas, de colores sobrados de flores que en cualquier rincón de tus callejas y de arboles frondosos de parque con versos de Bequer que llenan tu mirada de niña traviesa.
Yo te veo en cada amanecer gitano como una candela de trigo dorado... Y en el crepúsculo cuando vuelan aves desertoras de las gradas catedralicias que dejan sonidos de cornetas, o mariposas nocturnas como noche de viernes santo entre carreteros gremiales o de origen moreneta. Tus manos, tus manos amor son las murallas que guardan el dogma de fe y estrellas, yo te añoro mocita, te añoro cada día y eso que vivo tan solo aun tiro de piedra que desde la atalaya vigía, te quiero mi urbe, te quiero entre la A de ave, la M de maría morena mocita y la Z zambrana de parihuela ¿Hablamos de cofradías?, hablemos de lo que hablemos como te quiero Sevilla.
Yo te veo en cada amanecer gitano como una candela de trigo dorado... Y en el crepúsculo cuando vuelan aves desertoras de las gradas catedralicias que dejan sonidos de cornetas, o mariposas nocturnas como noche de viernes santo entre carreteros gremiales o de origen moreneta. Tus manos, tus manos amor son las murallas que guardan el dogma de fe y estrellas, yo te añoro mocita, te añoro cada día y eso que vivo tan solo aun tiro de piedra que desde la atalaya vigía, te quiero mi urbe, te quiero entre la A de ave, la M de maría morena mocita y la Z zambrana de parihuela ¿Hablamos de cofradías?, hablemos de lo que hablemos como te quiero Sevilla.
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