martes, 25 de septiembre de 2012

La leyenda


 Aunque he relatado y rescatado esta pequeña parte de nuestra historia costalera para otro blog, ahora la recribo para mi , gracias hermano.....
 
Era una mañana como otra cualquiera en la corrala de vecinos, Manuel se afanaba en lavar la vieja cara y maltrecha por la miseria, el trabajo afanoso y mal pagado en el muelle y una hoja de afeitar heredada de su padre el cual solo le dejo eso, un viejo reloj que camina y sabia solo ya donde estaba el empeño del monte y que solo recuperaba detrás de la Semana Santa, para volver desgraciadamente hasta allí cuando llegaba el periodo de amargo verano sin barcos en la dársena de la sal…

Era la primavera de 1945 la hambruna n Sevilla no era noticia si no como la crisis de hoy en día una cosa más para llevar a la boca en vez de pan, que triste el lamento  del niño hambriento, pero que triste es mas el lamento del padre,  aquella mañana como otras tantas no tenía nada de especial el cual modo Rafael lo había citado a las nueve de la mañana en la Plaza San Pedro, extrañado Manuel pero sin rechistar llego hasta allí encontrando a los mal trechos hombres que bajos sus hombros la noche anterior había sacado el Palio de Regla, ¿Manuel sabes qué pasa? Le pregunto el Avispado un peón del Barrio León que como su nombre indicaba preguntaba bien pero nunca sabia cuando hacerlo… No se Rafael lo dirá.

Rafael hombre con gesto serio y temple al igual le explico el tema  a los allí presentes. Sacamos ahora el Palio de la Amargura que como sabéis se quedo el Domingo sin salir y la nomina ya se ha cobrado… No se hable más afanados hombre curtidos en batallas de carga y descarga pasearon como nunca a la Reina de San Juan de la Palma, cerrando su templo a las cuatro de la tarde, de allí a la plaza de los carros ¿Rafael ahora Mantensión?.

 ¿Manuel tu quieres cobrar?-

¿Quieres recuperar el reloj de tu Padre?. Yo si Rafael pero sin comer ni ná… ya sabes el Bocadillo y para dentro, eran la una de la Madrugada y los doce Rosarios de los Varales de plata venían como nunca se vieron venir, suave la mecía el andar cortito y el Barrio de la Feria no se hablaba de nada más, solo de cómo su Virgen del Rosario  se paseaba una vez más, Y entraron el palio en la madrugada del Viernes. Y al entrar Rafael les dijo:

—Ea, ahora nos vamos para el Gran Poder. Y cuidadito con lo que se habla, que a nadie se le ocurra decir que ustedes eran los de esta mañana en La Amargura.

Y sacaron El Gran Poder. Y una vez dentro el palio de Mayor Dolor y Traspaso, se echaron a dormir por los portales de la vieja plaza, tascas medio abiertas y bullas de gentes de ver a la Macarena, que despertar mas amargo teniendo a las cuatro de la tarde que sacar La Carretería, donde Rafael igualaba a sus Ratones de palio en el barco, para que saliera mejor por aquella puerta. Cuando entró La Carretería, la misma cuadrilla de Rafael Franco había sacado cuatro cofradías en menos de 40 horas. ¡Y sin relevos ni costaleros de refresco!

Si un mito nace de la historia quizás Manuel perteneció a ese mito, su cuadrilla al cual falange espartana, lucho en la Sevilla del hambre y de la vergüenza, quizás un día de estos se dé el justo valor, ahora que nos gusta ensalzar a Héroes sin oficio ni beneficio, sindicatos del pan en busca de la sal, al fin y al cabo leyenda.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Luz de rocogida


Hay gente con un don que saben instalar ciertas visiones en la memoria y en alma.
Hay
luces
que te roban el alma con el primer rayo de  sol, y que te hacen sentir la muerte cuando te dejan de acariciar. Hay música que no suena, sueña y te hace soñar.

Por esto mismo no puedo recordar la primera vez que acaricie una tarde de agosto, como no puedo recordar cuando fue la última vez que la olvide, la caricia de las calles vacías y falta de bullicio me hace soñar con una ciudad lejana en el tiempo. Pero se que esa luz  está instalada en mi corazón.  Cuando la melancolía me asalta desde algún lugar en la lejanía, o desde algún lugar ignoto e incoloro, siempre vuelven a mi memoria las palabras de ese  poema, enmarcado en una suave luz con los primeros compases de septiembre, luz de calor aunque ya más plácido que antaño, luz color ocre cuando transita la tarde y la luz lo es todo en la frondosa arboleda de la nueva plaza en la vieja parroquia... desemboca Rioja por la calle San Pablo y la luz es más ocre, más suave y mas añorada, quizás desde mi puesto nuevo te vea más cerca pero lo vivido en estos días en la soledad estival de unas calles sin gente alguna te hacer volver a pensar y cargarte de ánimos ante el otoño que se arrima, luz ocre en la tarde y luz casi de candeleria luz de vuelta, luz de recogida...